Desde pequeña, el arte ha formado parte de mi vida. Siempre ha sido refugio, una forma de expresión y, sobre todo, una manera de conectar con el mundo y dar forma a aquello que a veces no cabe en palabras. Imaginar, dibujar, crear, dejarme llevar… es puro gozo.
La pérdida de mi padre cuando apenas tenía unos meses de vida marcó, de alguna manera, mi forma de entender el mundo. Crecí con la conciencia de que la vida es frágil, imprevisible y demasiado valiosa como para vivirla a medias. Quizá por eso siempre he sentido la necesidad de encontrar mi propio camino y de buscar un sentido profundo en aquello que hago. Junto a mis hermanos, crecí de la mano de una madre que nos enseñó, con su ejemplo, el valor del esfuerzo, la sensibilidad, el cuidado y la libertad de elegir cómo queríamos vivir.
Siempre he encontrado algo especial en los pequeños detalles: una carta escrita con cariño, un retrato, un plato preparado con mimo… Me gusta sorprender, el romanticismo de las cosas sencillas y todo aquello que convierte lo cotidiano en algo extraordinario.
Mi camino hasta la cerámica no fue del todo directo. Me licencié en Filosofía y Letras, una formación que despertó en mí el interés por comprender el mundo, cuestionar lo establecido y mirar más allá de lo evidente. Con el tiempo, sin embargo, sentí la necesidad de llevar todas esas inquietudes a un terreno más tangible: crear, experimentar y dar forma a lo que imaginaba y sentía. Así comenzó un camino de exploración artística que me llevó a descubrir en la cerámica mi lugar.
Hoy conviven en mi trabajo esos dos universos que tanto me representan: la filosofía y el arte. Me interesan las historias que hay detrás de las cosas, los símbolos, las emociones y esos pequeños significados que a veces pasan desapercibidos. Por eso, cuando creo, busco que mis piezas sean algo más que objetos bonitos: que contengan una historia, una intención o una emoción que invite a mirar un poquito más allá. El dibujo, la pintura, el torno, el modelado y la escultura son algunos de los lenguajes con los que exploro y doy forma a este universo creativo.
Actualmente tengo la fortuna de dedicarme a la cerámica, creando mis propias piezas y obras, dando vida a las ideas de quienes confían en mí para hacer realidad algo especial y único, y compartiendo este universo con otras personas a través de la escuela que fundé en 2020. Un espacio donde el barro se convierte en una oportunidad para crear, compartir, desconectar del ritmo cotidiano y reconectar con una misma a través de la creatividad.
Porque, para mí, crear es mucho más que dar forma a la materia: es sentir, conectar, contar historias y dejar un poquito de una misma en cada pieza. Es una manera de dar sentido a lo que vivimos y, sobre todo, de celebrar la vida.







